Morales’ Got It Wrong If He Thinks The TIPNIS Issue is “Resolved”

La Paz Oct 21 (ANF) – Ha llegado el momento. De una manera u otra fue inevitable.  Este mañana, sentado en el Palacio del Gobierno, el Jefe de Estado Evo Morales capituló: no se construirá ninguna carretera por el TIPNIS ni ahora ni en adelante. Pero este momento ha sido en gestación por mucho tiempo. Más de los 65 días de la resoluta marcha indígena y más de estos dos días en que los marchistas han sido declarados huéspedes por la alcaldía de La Paz pero okupas por el gobierno nacional. Son meses que nos han llevado al día de hoy. Antes de tomar el primerísimo paso de los miles de adoloridos pasos que les llevó de Trinidad a La Paz, las dos partes se dieron varios traspiés en la vía del dialogo. Pero ahora se encaminan hacia un nuevo dialogo que tiene un panorama muy diferente.

El veto presidencial de la Ley Corta y la suspensión definitiva de la carretera Villa Tunari–San Ignacio de los Moxos ha vuelto la tortilla al conflicto. Recuérdate las imágenes en los días después de la represión policial en Yucumo, ¿acaso es posible olvidar?: hombres fregados, mujeres desesperadas y niños desconsolados y perdidos. ¡Qué diferente la escena hoy en la Plaza Murillo! Los marchistas arribaron a La Paz como héroes de un triunfo romano, y esta tarde sus veinte máximos representantes entraron al Palacio Quemado pasando por un corredor de hombres fieles que les protegían con una barrera formada de flechas.

Se ve que ahora los marchistas tienen la sartén por el mango. Cada noche más en La Paz es otra noche fría y desvelada pero ni siquiera eso les da prisa para acabar con el conflicto precipitadamente. Ayer, rechazaron contundentemente dos citas para dialogar con el presidente.  Entonces la Plaza Murillo pareció la sede del poder nacional y no el prepotente Palacio Quemado que la domina. Los marchistas mandaron y al mandatorio le dieron dos largos platones, esperando en balde que se acudieran. El presidente reaccionó fuerte. Dijo que los marchistas debieran ponerse de acuerdo y que ellos mismos perjudicaban el proceso.

“Cuando hay una disputa o desconfianza entre dirigentes, ya no es problema del Gobierno nacional,” remarcó.

Pero, pese a estos reproches, es obvio que el Jefe de Estado y no los marchistas se vio obligado a armonizar hoy.  Pero por lo menos con esta concesión el tema quedó “resuelto”, ¿no?  Pues, no.  La propuesta enmienda a la Ley Corta sólo corresponde al primero de los 16 puntos reclamados por los marchistas y no van a dejar la Plaza Murillo hasta que se plasmen los restantes.

Los marchistas saben que llevan una gran ventaja sobre el gobierno y como me dijo el presidente de CIDOB, Adolfo Chávez, “no la van a desperdiciar.”  Al contrario de lo que opina el presidente, no han superado los últimos dos meses y más sin ser muy disciplinados.

De hecho, pasando por la Plaza Murillo después de la alocución del mandatorio si no fueras enterado no hubieras adivinado que habría cambiado nada. Fue todo callado. Algunos se tomaban el sol, echados en colchones tirados por el suelo, otros se apoyaban en las rejas que guardan el monumento al patriota boliviano, y otros sólo dormían. Nadie festejaba, nadie sonreía, nadie soltaba el ya muy conocido grito de  “VIVA TIPNIS”. El único sonido que rompió con este silencio tan completo fue el arrullo de las palomas. Pero el silencio no fue flojera ni cansancio. En un rincón de la plaza un grupo de dirigentes se apiñaron para reflexionar sobre su respuesta al anuncio y como lo parafraseó otro marchista: “Esperamos, falta todavía.”

Quizás el presidente creía que podía abandonar la carretera y sanseacabó, tema “resuelto” como dijo. ¿Pero es posible que hasta él lo creyera?  Mira el carácter de esa gente. Adolfo Chávez ha atravesado todo el recorrido con tres facturas en el brazo y rehúsa operarse por encabezar la columna del frente. Tres personas han fallecido por el camino. Han sufrido abortos, y muchas otras mujeres embarazadas se han puesto en riesgo de la misma desgracia con los esfuerzos diarios que hacían y siguen haciendo. Esta gente ha sacrificado sus camas, sus casas y su comida para llegar a este momento. Y ahora que están al borde de cumplir con su meta van a hacer lo mismo que hacían por el camino. Paso por paso, hito por hito y al final punto por punto, hasta cumplir los dieciséis, avanzarán. A cambio, con el paso de cada semana, cada día y cada hora parece que el Presidente Evo Morales queda sin lugares adonde ir.

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